“Hoy mejor que no me hubiese levantado”

“Hoy mejor que no me hubiese levantado”

¿Cuántas veces habremos repetido esta frase? Esos días en los que ya desde el principio parece que todo se tuerce, que todo va mal, que todo está en nuestra contra, que lo único que queremos es que pasen las horas rápido, para meternos en la cama, desconectar y mañana levantarnos para comenzar de nuevo. ¿Os suena?

Hay días que son malos, o que no son tan buenos como a nosotros, con nuestros patrones mentales adquiridos, nos hubiera gustado que fuesen. Avanza el día, esperando un rayo de luz que pueda iluminar todas aquellas cosas que hasta ese momento no han ido bien.

Conforme avanzan las horas, no sólo no va a mejor, sino que todo va a peor. Cualquier circunstancia nos parece que va en desarmonía y que ya nada vamos a poder hacer por remediarlo.

¿Crees que el mundo se ha puesto en tu contra, o que quizás con la lente que llevamos puesta a raíz de la primera “mala” circunstancia del día, ya nos hace sentir que todo es más negativo de lo que en realidad es?

¡Para! ¡Obsérvate!

Analiza tus pensamientos ¿A dónde nos llevan? ¿Cómo nos hacen sentir?

Encauza tu día, coge las riendas. No te muestres como un muñequito de trapo esperando a ser zarandeando por el viento. Decide qué clase de día quieres seguir teniendo, y aún así, si al final el día no es como esperábamos, aprende del día de hoy, de los errores, de lo vivido.

Mañana vuelves a tener otro para decidir que hacer con él.

Paciencia. Gratitud. Entrega. Todo llega.