Dejar ir es dejar llegar

En ocasiones, nos aferramos tanto a aquello que nos resulta conocido (zona de confort), que nos acabamos adaptando a una situación que nos está destruyendo.

Este tipo de circunstancia se puede generalizar a cualquier ámbito de nuestra vida cotidiana: un trabajo, una pareja, una casa, una ciudad… y un sinfín de situaciones que hacen que vayamos perdiendo la ilusión y la motivación poco a poco, sin apenas darnos cuenta.

¿De dónde procede ese apego a aquellas circunstancias que no nos convienen ni nos hacen sentir bien?

Nos sentimos seguros con aquello que conocemos. A veces por costumbre o por hábito, nos acomodamos a una situación por el simple hecho de huir de los cambios, de aquello que se nos escapa a nuestro control.

¿Por dónde empezamos?

En primer lugar, hay que replantearse ¿A qué tememos?

¿Qué nos hace anclarnos de este modo? ¿ Por qué no alejamos de nosotros aquello que nos impide seguir creciendo?

Todas las respuestas tienen un factor común : el miedo.

El miedo, la mayoría de las veces, procede tan sólo de nuestra mente.

No es un miedo ante una amenaza real. No existe en la realidad. Son realidades ficticias, imaginadas, que nos sirven para justificar nuestra decisión de seguir sin hacer nada, de conformarnos. Incluso a veces, ni intentamos modificar algunos de nuestros pensamientos porque es más cómodo “jugar en casa”, batallar con lo que ya conocemos, aunque sepamos que nada cambiará permaneciendo en esa “zona de confort” que, a veces, nos destroza.

Ampliar miras, cambiar perspectivas, modificar patrones mentales… pueden ayudarnos a salir de situaciones que entran en bucle. Darnos cuenta que cualquier paso que demos hacia algún otro lugar, ya va a modificar la manera de replantearnos la realidad.  Esto nos va a permitir sacarnos de la situación donde ahora nos encontramos, para apreciar la cantidad de oportunidades que comienzan a aparecer cuando “dejamos ir”.

Desapegarnos de una vez de la costumbre de pasarlo mal porque es lo que nos ha tocado vivir…

Hay sucesos vitales que no podemos impedir que ocurran, pero la mayoría de las cosas que vivimos las hemos elegido en base a decisiones. Tenemos que seguir tomando decisiones, comprometernos con nosotros mismos, escucharnos y hacer lo que de verdad sientes que tienes que hacer.

Deja de ponerte excusas, de tal vez mañana… el año que viene… cuando me jubile o quizás nunca…

A veces abandonar cosas, personas y lugares nos hace descubrir que tu vida es solamente tuya y que tú eres el responsable de qué cosas quieren que ocurran.

¡Cambia! ¡Muévete! ¡Quiérete!

El movimiento siempre genera movimiento y “el primer paso no te lleva a donde quieres ir, pero te saca de donde estás”.