Abrazar la realidad

Una de las fuentes de sufrimiento más comunes del ser humano es el deseo de que las cosas sean distintas a como realmente son.

Nunca estamos de acuerdo con la realidad que en ese momento tenemos. A pesar de ir consiguiendo objetivos y metas, disfrutamos poco del logro de ir avanzando y ya vamos pensando en el paso siguiente.

Pero, ¿qué hay con esa realidad que no podemos cambiar? ¿Aquello que no está en nuestra mano poder modificar?

Gastamos mucha parte de nuestra energía en criticar, juzgar, comentar lo injusto que nos parece todo aquello que no coincide con la realidad que esperábamos. Y es en esas conversaciones en bucle, con nosotros mismos o con los demás, donde se queda paralizado el proceso de adaptación.

No podemos cambiar las circunstancias presentes, pero sí podemos adaptar nuestro comportamiento a ellas.

Aceptar la realidad no significa conformarse. Veamos un ejemplo muy simple:

Llegamos a una tienda de ropa. En nuestra cabeza habíamos imaginado que al ser una hora de poca afluencia podríamos mirar y cambiar varias prendas. Al llegar vemos que hay una cola interminable, tanto para probadores como para la caja. Conformarnos con esa realidad sería quedarnos de todos modos, esperar las colas pertinentes y terminar con lo que habíamos ido a hacer. ¿Qué sería aceptar la realidad? Observar la gente que hay y valorar la situación. En lugar de perder nuestra energía en criticar lo que tenemos en ese momento delante, adaptar nuestro comportamiento a esta situación. ¿Me merece la pena esperar? ¿Puedo venir otro día? Conseguimos un ahorro de energía al adaptar las decisiones a nuestro momento presente y decidir como invertir nuestro tiempo, ya que por mucho que nos quejemos la gente no va a desaparecer.

 

¿ Cómo comenzar?

Llevamos tanto tiempo acostumbrados a realizar juicios de valor de las situaciones, que no solemos darnos cuenta de cuando ha empezado esa radio en nuestra mente. Lo importante es darnos cuenta y ¡parar!

Cambiar el foco de atención a qué cosas sí puedo hacer para encontrarme mejor en la situación que ahora mismo se plantea. Poder llevar una mente en calma y poder aprender de esos cambios que en ocasiones la vida nos ofrece.

Es realmente gratificante desarrollar este tipo de habilidad. Poco a poco, con entrenamiento, seremos capaces de ver las oportunidades en los momentos de crisis en lugar de criticarlas. Abrazar la realidad se convertirá en uno de nuestros hábitos mentales más saludables.